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25 poemas aleatorios

 

   Alondras que mueren deslumbradas (I)Cuando inabarcable...

   Jorge Fernández Granados

primeros versos

Cuando inabarcable tu voz se cumple como el primer día no es palabra esa voz, no tiene rostro de oscilante esfinge: es turbulencia coloidal de apetitosas llamas químicas, masa de lo mutante en su amargor confuso que repite la selva de sus vivientes aguaceros, ...

 

   Mírame, por dios, desde lo oscuro...

   Víctor Sandoval

primeros versos

Mírame, por dios, desde lo oscuro; ahonde cada sombra de estos árboles tu recuerdo. La luna, las baldosas, los arcos de cantera; esta misma baldosa, esta cantera, esta lápida inmensa que te preserva de los vientos. Abajo la podre te acribilla. Pero ahora, mírame, por Dios, desde lo oscuro ...

 

   Nocturno eterno

   Xavier Villaurrutia

primeros versos

Cuando los hombres alzan los hombros y pasan o cuando dejan caer sus nombres hasta que la sombra se asombra cuando un polvo más fino aún que el humo se adhiere a los cristales de la voz y a la piel de los rostros y las cosas cuando los ojos cierran sus ventanas al rayo del sol pródigo ...

 

   Piedra de sol (Fragmento III)

   Octavio Paz - Homenaje

primeros versos

busco una fecha viva como un pájaro, busco el sol de las cinco de la tarde templado por los muros de tezontle: la hora maduraba sus racimos y al abrirse salían las muchachas de su entraña rosada y se esparcían por los patios de piedra del colegio, alta como el otoño caminaba envuelta ...

 

   La anunciación

   Rosario Castellanos

primeros versos

I Porque desde el principio me estabas destinado. Antes de las edades del trigo y de la alondra y aun antes de los peces. Cuando Dios no tenía más que horizontes de ilimitado azul y el universo era una voluntad no pronunciada. Cuando todo yacía en el regazo divino, entremezclado y confundido, ...

 

   Canción de seguimiento

   Gabriel Zaid

primeros versos

No soy el viento ni la vela sino el timón que vela. No soy el agua ni el timón sino el que canta esta canción. No soy la voz ni la garganta sono lo que se canta. No sé quien soy ni lo que digo pero voy y te sigo.

 

   Pequeña isla

   Margarita Paz Paredes

primeros versos

Adán del universo: donde pones tu planta la tierra se conmueve de ocultos paraísos. (Te anuncia una legión de brazos incendiados.) Eva soy, inmemorial y eterna, ligada a ti por el suspiro de antigua soledad, y desterrada por el frutal capricho. En el exilio estoy. El alba de mis besos ...

 

   Palabras al amigo solitario

   Thelma Nava

primeros versos

He aquí que estás y vives y nada es suficiente. Un algo insoportable te domina y la ciudad no cabe ya en tus manos. Se te sube a la espalda, regresa a tus zapatos. Y piensas en el hijo que no tienes, en la mujer amada que le falta a tu noche cada día. Aquí estás, dividido, doliéndote...

 

   Amo esta forma moviente...

   Homero Aridjis

primeros versos

Amo esta forma moviente este universo este cuerpo del cuerpo por su corazón rojo santuario la intensidad no cesa el infinito quema en llama blanca el amor cierra sus ojos y los astros se encienden como ciervos que saben la dirección del viento amo...

 

   Muchacha en Banao

   Fayad Jamís

primeros versos

El ómnibus se detuvo. Los viajeros bajaron uno a uno. Tú estabas entre la multitud de muchachas que trabajan esa tierra y el sol de mediodía. Los viajeros se asomaron a los surcos, a los rostros; interrogaron y sudaron, y luego volvían al ómnibus cuando tú te me acercaste y empezaste ...

 

   Otoi que j′eusse aimée...

   José Emilio Pacheco

primeros versos

Y ahora una digresión Consideremos esa variante del amor que nunca puede llamarse amor Son aislados instantes sin futuro En la ciudad donde estaré tres días nos encontramos Hablamos cien palabras Pero un brillo en los ojos un silencio o el roce de las manos que se despiden prende ...

 

   Destino

   Rosario Castellanos

primeros versos

Matamos lo que amamos. Lo demás no ha estado vivo nunca. Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere un olvido, una ausencia, a veces menos. Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia de respirar con un pulmón ajeno! El aire no es bastante para los dos. Y no basta la tierra ...

 

   Aún

   Luis Alberto Arellano

primeros versos

¿Quién lloraque no pueda llorardesde los cuencos secos?José Ángel Valente Ha dicho el oscuro: Todo es fuego Pero no al mismo tiempo Aquí es al mismo tiempo todo fuego Aquí el sonido es fuego, la mácula es fuego los árboles son de fuego, de fuego los hogares y el cielo una gran sombra ...

 

   Jaguar

   Efraín Bartolomé

primeros versos

Un sol del tacto Por la intrincada selva de mis nervios lo miro caminar Perfecto hijo del día y de la joven sombra...

 

   Ay poeta

   Efraín Huerta

primeros versos

Primero Que nada Me complace Enormísimamente Ser Un buen Poeta De segunda Del Tercer Mundo.

 

   Criaturas para la recién casada (La llave, la promesa)

   Jorge Esquinca

primeros versos

A Myriam Moscona También enciendo el pabilo, Contemplo la llama que despierta las formas de la cera. Te oigo ir y venir entre tus silabas, subes y bajas por las escalas de lo que dices. Descifro tu liturgia, los ademanes con que andabas entre las galerías de tu babel temprana. ...

 

   Silvio, yo te aborrezco, y aun condeno...

   Sor Juana Inés de la Cruz

primeros versos

Prosigue en su pesar; y dice que aun no quisiera aborrecer a tan indigno sujeto, por no tenerle así aún cerca del corazón Silvio, yo te aborrezco, y aun condeno el que estés de esta suerte en mi sentido: que infama el hierro el escorpión herido, y a quien lo huella, mancha inmundo el cieno. ...

 

   Contricción poética

   Francisco Manuel Sánchez de Tagle

primeros versos

¡Oh lira, que hasta aquí locos amores en tus vibrantes cuerdas suspiraste, y dócil a mis voces me ayudaste a comprar por un goce mil dolores! Ya que hiciste armoniosos mis errores y a mi locura seducción prestaste, herida de otro plectro, da, en contraste, con acuerdo mejor, tonos mejores. ...

 

   De la noche (1)

   Raquel Huerta - Nava

primeros versos

El humo fatuo en el espejo velo de la sombra cubre los ojos del que duerme los habitantes del sueño nos llevan con ellos para mostrarnos el eterno follaje de la vida. De: Tramontana Poema proporcionado por la autora

 

   No es nada de tu cuerpo

   Jaime Sabines

primeros versos

No es nada de tu cuerpo, ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre, ni ese lugar secreto que los dos conocemos, fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro. No es tu boca tu boca que es igual que tu sexo , ni la reunión exacta de tus pechos, ni tu espalda dulcísima...

 

   Al poema confío

   Salvador Novo

primeros versos

Al poema confío la pena de perderte. He de lavar mis ojos de los azules tuyos, faros que prolongaron mi naufragio. He de coger mi vida deshecha entre tus manos, leve jirón de niebla que el viento entre sus alas efímeras dispersa. Vuelva la noche a mí, muda y eterna, del diálogo ...

 

   Que consuela un celoso epilogando la serie de los amores

   Sor Juana Inés de la Cruz

primeros versos

Amor empieza por desasosiego, solicitud, ardores y desvelos; crece con riesgos, lances y recelos; susténtase de llantos y de ruego. Doctrínanle tibiezas y despego, conserva el ser entre engañosos velos, hasta que con agravios o con celos apaga con sus lágrimas su fuego. Su principio, ...

 

   Sitio de amor...

   Jaime Sabines

primeros versos

Sitio de amor, lugar en que he vivido de lejos, tú, ignorada, amada que he callado, mirada que no he visto, mentira que me dije y no he creído: en esta hora en que los dos, sin ambos, a llanto y odio y muerte nos quisimos, estoy, no sé si estoy, ¡si yo estuviera!...

 

   Algunos se despiden bajo un árbol

   Jorge Valdés Díaz - Vélez

primeros versos

Hoy dejé la ciudad mientras dormía. Sé que no he de volver, y ella lo sabe. Tal vez, pasado el tiempo, todo acabe por ser tan sólo el sueño en donde huía la sombra vertical de un mediodía cuya imagen conservo como un grave ciprés que va a caer. Giré la llave y entonces comenzó la lejanía ...

 

   Rencor al olvido

   Jaime Augusto Shelley

primeros versos

Mezclado al aire tibio y sosegado con que duermes resuena el eco de otro aliento, tembloroso en la distancia mas fresco en el hurgar de mi memoria cavilante al filo de un amanecer que se retrasa al compás de manecillas tercas que van dejando caer, sobre las cosas que más quieres; ...