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25 poemas aleatorios | |
Allá en mis años Poesía usaba por cifra una equis, y su conciencia se llamaba quince. ¿Qué van a hacer las rosas sin quien les fije el límite exacto de la rosa? ¿Qué van a hacer los pájaros (hasta los de cuenta) sin quien les mida el número exacto de su trino? Ahora pájaros y rosas ... | |
Hace un momento mi madre y yo dejamos de rezar. Entré en mi alcoba y abrí la ventana. La noche se movió profundamente llena de soledad. El cielo cae sobre el jardín oscuro. Y el viento busca entre los árboles la estrella escondida de la oscuridad. ... | |
Era como la superficie cubriéndose de niebla; cristalina en secreto, profunda para sí. Ahí perdura el reflejo incógnito. Era como la brisa desparramada por el viento, en brizna alegre al conocer el mundo. Era húmeda la piel, empapada el alma. Era como la canción de ser sin ser, al convertirse ... | |
El nombreSus sombras El hombre La hembraEl mazoEl gongLa iLa o La torre El aljibe El índice La hora El hueso La rosa El rocío La huesa El venero La llama El tizónLa noche El río La ciudadLa quilla El anclaEl hembro La hombraEl hombre Su cuerpo de nombres Tu nombre en mi nombre ... | |
Aquí no hay muertos. Ramón, a la mitad del foro, lee un poema con sabor a chía y ajonjolí. Rulfo vino a buscar a Juan: un instante de luz en las palabras. Gorostiza envuelve en llamas la soledad de los pasillos por donde José Luis Martínez, bibliófilo celeste, coloca libros detenido... | |
Tengo una mesa. Puedo escribir tengo una mesa. Tengo una silla. Puedo escribir tengo una silla. Aún más: tengo papel y tinta. Puedo escribir sobre el papel, con esta tinta. Pero la poesía no está en lo que ya... | |
Detente, sombra de mi bien esquivo, imagen del hechizo que más quiero, bella ilusión por quien alegre muero, dulce ficción por quien penosa vivo. Si al imán de tus gracias, atractivo, sirve mi pecho de obediente acero, ¿para qué me enamoras lisonjero si has de burlarme luego ... | |
Recojo una alusión de los grillos: su rumor es inútil, no les sirve de nada entrechocar sus élitros. Pero sin la señal indescifrable que se trasmiten de uno a otro. la noche... | |
En dulce charla de sobremesa, mientras devoro fresa tras fresa y abajo ronca tu perro Bob, te haré el retrato de la duquesa que adora a veces el Duque Job. No es la condesa que Villasana caricatura, ni la poblana de enagua roja, que Prieto amó; no es la criadita de pies nudosos, ni la que sueña ... | |
El arquero es el amante taciturno, el pañuelo es su lengua, recorre cada pie con la paciencia de un escribano cuando le dictan la carta decisiva; los tobillos, las piernas, las caderas en las que el hombre pierde el sentido, enloquece; cierra la puerta para ser fiebre y otra vez abre sus fauces. ... | |
I Zumba ¡oh viento! zumba y ruge dispersando la simiente; que la crútula reviente a la furia de tu empuje. La hojarasca cruje, y cruje el ramaje tristemente; que tu garra prepotente los retuerza y los estruje. Resonando las serojas se estremecen al chasquido que crepita en las panojas, ... | |
El tiempo de la poesía da un fruto de luz que cae solo en la tierra... | |
Llego con la cabeza de vigilia, pura luz acosada, trashumante, luz originaria, vegetal, vengo con las manos adelgazadas de nupcial vértigo de mayo, del sueño lustral de la sed mordida, de las constelaciones primeras. Vengo del cristal más fijo de la tierra, de la insumisión irreductible de la llama. ... | |
I ¿Ves, caminante? En esta triste pira la potencia de Jove está postrada; aquí Marte rindió la fuerte espada aquí Apolo rompió la dulce lira; aquí Minerva, triste, se retira; y la luz de los astros, eclipsada, toda está en la ceniza venerada del excelso Colón que aquí se mira. Tanto pudo la fama ... | |
Hilo tan delgado casi siempre se rompe. Suelo tan ligero cualquier sobresalto devora. Costra seca que sin desear anda desnuda. Ombligo roto y vuelto a pegar. Agua que nunca se detuvo. Entrañable amor que es pesadumbre: Miedo si se está despierto. Fiebre en primavera, cuando empiezan a caer ... | |
Sombra entrepernada con la carne tu cuerpo que en el mío se estremece qué infiernos de la fiebre qué soledades nos habitan en la cúspide absoluta de la llama atajo de la muerte retorno de la piel humedecida(era preciso hundirsepara lamer el fondo del pantano) estallan ardientes ... | |
Bebo la oscuridad del incrédulo del vaso de tu boca. Tomo por hueso el beso, que es desnudo y es del muerto el habla, y es del vivo adorno, es rulo, verdad, afeite, máscara y desnudo. Recibo del abrazo el rasgón. Sueño de tu ojo la afección por mí, luego el consuelo... | |
El mar se mide por olas, el cielo por alas, nosotros por lágrimas. El aire descansa en las hojas, el agua en los ojos, nosotros... | |
A mi voz susurró el tiempo su historia de claridad y esperanza, y por mi lengua de barro yo supe que también a la muerte se canta. Vine a este cielo -sólo vine- para alumbrar con la flor de mi verso la tristeza, pero he de saber que en la tierra la alegría-alegría igualmente es flor luminosa. ... | |
¿Qué hago con mi corazón? ¿Lo dejo que siga inquieto? ¿Lo impugno duro? ¿Lo reto? ¿Lo incluyo en esta canción? Cuando toda su expresión es separarse de mí y hacer todo para sí sin ni siquiera inmutarse ¿Cómo pudo enamorarse si yo no se lo pedí? | |
Es una inmensa hoja de biombo de cielo y no hay luna en el parque, se ha borrado el tenaz colorido de mi prado que hermana su negror al desconsuelo. En esta noche el musgo es terciopelo y es tan grande el silencio y tan helado que los búhos han olvidado y tienen miedo de lanzarse al vuelo ... | |
Chiapas, perdónanos tan lejos este llanto . Daniel Robles Sasso. En el país de las etnias de las más altas montañas del bosque de los pájaros azules de los lagartos tristes de los lagos pintados de colores de la selva hecha humo y pozos petroleros la sangre penetró bajo la tierra ... | |
El molinero blanco cruzaba el lago Michigan en el helado invierno sólo con la fuerza de sus brazos y el poderío del cadencioso pataleo. Era un niño empapado en el agua aventurera de sus fantasías cuando en Holanda soñaba que había sido tragado por el mar. Lo cierto es que el mar... | |
Colección reservada de sonetos votivosIII Tus ojos que no vi nunca en la vida turbarse de deseo, ni saciados dormirse tras la entrega, ni extraviados mientras tú gimes loca y sacudida; tu oreja, dulce concha adormecida que no alojó a mi lengua de obstinados embates de molusco; ... | |
Por el cielo que tocas y el que adivinas en tus exploraciones de adolescente, vas con finos avances cruzando el puente de las cosas humanas a las divinas. Ceguera de este lado, viejas espinas, tristes conversaciones de diente a diente; del otro lado, vicisitud sonriente y delicados... | |
