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25 poemas aleatorios en video | |
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Sombra de los dÃas a venir
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Alejandra Pizarnik Por Ariadna Gil | |
Mañana me vestirán con cenizas al alba, me llenarán la boca de flores. Aprenderé a dormir en la memoria de un muro, en la respiración de un animal que sueña... | |
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A la casa del dÃa
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
A la casa del dÃa entran gentes y cosas, yerbas de mal olor, caballos desvelados, aires con música, maniquÃes iguales a muchachas; entramos tú, Tarumba, y yo, Entra la danza. Entra el sol. Un agente de seguros de vida y un Poeta. Un policÃa. Todos vamos a vendernos, Tarumba... | |
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Escena final
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Blanca Varela Por Blanca Varela | |
He dejado la puerta entreabierta soy un animal que no se resigna a morir la eternidad es la oscura bisagra que cede un pequeño ruido en la noche de la carne soy la isla que avanza sostenida por la muerte o una ciudad ferozmente cercada por la vida o tal vez no soy nada sólo el insomnio... | |
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Adolescente que despierta
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Rodolfo Hinostroza Por Rodolfo Hinostroza | |
Una deliberación del ala y la tormenta es lo que cae cuando la agria balandronada de los sueños se pega al paladar y el muchacho despierta en la mañana penetrando el espejo con un grito. La estridencia que acecha en la materia de los violoncellos... | |
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Panorama de Teotihuacan
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Saúl Ibargoyen Por Saúl Ibargoyen | |
Teotihuacan: en tus nubosos lugares sin sombra el pie vamos poniendo sobre cada figura de otros pies transfigurados. Borrosos de luz seca y quemante ruedan los rodillos que portaron pesados colores apretados átomos de sol ilevantable... | |
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Ayer, encima de ese avión...
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Gonzalo Rojas Por Gonzalo Rojas | |
Ayer, encima de ese avión que me trajo del otro lado, miré largo el piedrerÃo: cumbre y cumbre, abismo y más abismo. Pensé, ¡qué raro!, ¿Quién habrá inventado que somos necesariamente dos, los de aquà y los de allá? Por lo menos el Hado no lo dice... | |
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Al perderte yo a ti...
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Ernesto Cardenal Por Ernesto Cardenal | |
Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido: yo porque tú eras lo que yo más amaba y tú porque yo era el que te amaba más. Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo: porque yo podré amar a otras... | |
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Cuando faltaban fusiles
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Héctor Rosales Por Héctor Rosales | |
He dormido un poco, abuelo, casi dos horas y conservo mi fusil. Me hice grande, según dicen las tinieblas. Estuve, estoy peleando como enseñaste y tengo los puños en tus puños todavÃa. Combatà contra el dolor cuando te fuiste, pero lo maté mal... | |
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El corazón encendido
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Carmen Feito Maeso Por Carmen Feito Maeso | |
Vamos a hablar ¿Dime?, el corazón ¿Esta viviendo?¿ o no? no se, el alma junto con el reloj, los ojos de los números del reloj. Están ciegos. Y ahora la música no tiene sonido, la luz de la habitación no brilla. ¿Dime ahora que te está pasando?... | |
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Rosa blanca
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Carolina Coronado Por Carmen Feito Maeso | |
La luz del dÃa se apaga; rosa blanca, sola y muda, entre los álamos vaga de la arboleda desnuda. Y se desliza tan leve que el pájaro, adormecido, toma su andar por ruido de hoja que la brisa mueve. Ni para ver en su ocaso al sol hermoso un instante ha detenido su paso indiferente y errante... | |
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Nada comparable a tus manos...
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Frida Kahlo Por Carmen Feito Maeso | |
Nada comparable a tus manos ni nada igual al oro-verde de tus ojos. Mi cuerpo se llena de ti por dÃas y dÃas, eres el espejo de la noche, la luz violenta del relámpago, la humedad de la Tierra. El hueco de tus axilas es mi refugio, mis yemas tocan tu sangre... | |
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MelodÃa de darnos...
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Pedro Piccatto Por Héctor Rosales | |
MelodÃa de darnos... la sagrada melodÃa de darnos. Ese es el gran acierto de las almas. Es llevar para siempre en nuestra vida el esplendor abierto de una fruta... | |
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La luna
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como hipnótico y sedante y también alivia a los que se han intoxicado de filosofÃa Un pedazo de luna en el bolsillo es el mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama... | |
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Tres árboles
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Gabriela Mistral Por Horacio Salinas | |
Tres árboles caÃdos quedaron a la orilla del sendero. El leñador los olvidó, y conversan, apretados de amor, como tres ciegos. El sol de ocaso pone su sangre viva en los hendidos leños ¡y se llevan los vientos la fragancia de su costado abierto!... | |
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Julito (4)
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Quiero una Tota, digo, a la hora del almuerzo y Julito se apresura a corregirme: No se dice Tota, papá se dice ko-ka-ko-la. Bueno, quiero una Coca Cola. A los tres años y medio, Julito aprende nuestro idioma después de habernos enseñado el suyo... | |
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Oriana
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Gonzalo Rojas Por Gonzalo Rojas | |
Ay de las bellas que quisieron devorar un dÃa con su fulgor al mÃsero poeta. El fingidor por inocente que parezca es duro y no transa: primero encumbra a la figura, después la desencumbra y desfigura para finalmente transfigurarla. Total, de la mortal no queda nada. Tampoco del poeta... | |
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Periplo
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José Kozer Por José Kozer | |
La racha canta la racha canta el huracanado viento en los batientes de la ventana: el golpe es verde, verde y cruje la corteza del árbol del jardÃn, crujen las dos blancas mecedores junto al aljibe llenándose, el agua del viento huracanado es impensable... | |
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Muchachas que algún dÃa
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Ernesto Cardenal Por Ernesto Cardenal | |
Muchachas que algún dÃa leáis emocionadas estos versos y soñéis con un poeta: sabed que yo los hice para una como vosotras y que fue en vano... | |
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Ala que no vuela
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EfraÃn Bartolomé Por EfraÃn Bartolomé | |
Aquà la selva Larga la soledad con que nos nutre Hora de lentos pies donde el puñal se hunde RaÃz de luna helada sus venenos más fuertes Aquà el árbol anclado en el asombro: lagunas congregadas al silbo de serpientes El saraguato rasca su viejo cuerpo... | |
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Madrugada (fragmento)
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Juan Gelman Por Juan Gelman | |
Jugos del cielo mojan la madrugada de la ciudad violenta. Ella respira por nosotros. Somos los que encendimos el amor para que dure, para que sobreviva a toda soledad. Hemos quemado el miedo, hemos mirado frente a frente al dolor antes de merecer esta esperanza... | |
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Platero
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Juan Ramón Jiménez Por Carmen Feito Maeso y Francisco Portillo | |
Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se dirÃa todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negros. Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico... | |
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En esta noche, en este mundo (fragmento)
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Alejandra Pizarnik Por Ariadna Gil | |
en esta noche en este mundo las palabras del sueño de la infancia de la muerte nunca es eso lo que uno quiere decir la lengua natal castra la lengua es un órgano de conocimiento del fracaso de todo poema castrado por su propia lengua que es el órgano de la re-creación del re-conocimiento... | |
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Glorias (fragmento)
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Juan Gelman Por Federico Bonasso | |
Era rubia la pulpera de Santa LucÃa? ¿TenÃa los ojos celeste? ¿Y cantaba como una calandria la pulpera? ¿Reflejaban los ojos la gloria del dÃa? ¿Era la gloria del dÃa inmensa luz? Son preguntas inútiles para este invierno no se las puede echar al fuego para que ardan... | |
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Los he visto en el cine
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Los he visto en el cine, frente a los teatros, en los tranvÃas y en los parques, los dedos y los ojos apretados. Las muchachas ofrecen en las salas oscuras sus senos a las manos y abren la boca a la caricia húmeda y separan los muslos para invisibles sátiros. Los he visto quererse... | |
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A un borracho que conocÃ
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Jorge Meretta Por Jorge Meretta | |
Entra rechina el piso de madera enfila el ventanal hacia una mesa que en soledad su soledad apresa sin acertar cual es la verdadera la noche desdibuja una escalera tal vez nunca bajada que ya no pesa pero de pronto vuelve la cabeza y ve rodar su infancia... | |
