☰ menú
 


25 poemas aleatorios en video

 
   Tepeyólotl: Corazón del monte Tepeyólotl: Corazón del monte de Efraín Bartolomé

   Efraín Bartolomé
      Por Efraín Bartolomé    
primeros versos

Todavía llegaba el gato grande a hacer perjuicio a veces Todavía se oían los rumores Se oía que un relámpago entró y no dejó más señas que unas manchas de sangre Todavía se ponía de puntas el vello de la espalda ante la huella hundida bien marcada en el lodo fresco...

 
   Espero curarme de tí Espero curarme de tí de Jaime Sabines

   Jaime Sabines
      Por Jaime Sabines    
primeros versos

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad. ¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante...

 
   Postigo Postigo de Efraín Bartolomé

   Efraín Bartolomé
      Por Efraín Bartolomé    
primeros versos

Llaman a la puerta Es de noche y están tumbando la puerta Todos duermen Duerme la oscuridad El viento inmensoinmensamente duerme su inmenso sueño Duerme la noche Duermen las estrellas Pero en mi casa llaman con una piedra enorme que golpea iracunda contra el portón...

 
   Dios está podrido en dinero... Dios está podrido en dinero... de Francisco Hernández

   Francisco Hernández
      Por Francisco Hernández    
primeros versos

Dios está podrido en dinero, dice en voz baja un comerciante del pueblo. En sus eternos ratos libres, se entretiene devorando la imaginación de quienes no tienen para comer. ¿Quiere retratar al Todopoderoso? Meta su cámara en la boca de un pobre.

 
   Uno es el hombre Uno es el hombre de Jaime Sabines

   Jaime Sabines
      Por Jaime Sabines    
primeros versos

Uno es el hombre. Uno no sabe nada de esas cosas que los poetas, los ciegos, las rameras, llaman misterio , temen y lamentan. Uno nació desnudo, sucio, en la humedad directa, y no bebió metáforas de leche, y no vivió sino en la tierra (la tierra que es la tierra y es el cielo como la rosa...

 
   La procesión del entierro La procesión del entierro de Jaime Sabines

   Jaime Sabines
      Por Jaime Sabines    
primeros versos

La procesión del entierro en las calles de la ciudad es ominosamente patética. Detrás del carro que lleva el cadáver, va el autobús, o los autobuses negros, con los dolientes, familiares y amigos. Las dos o tres personas llorosas, a quienes de verdad les duele, son ultrajadas por los cláxones vecinos...

 
   A estas horas, aquí (5) A estas horas, aquí (5) de Jaime Sabines

   Jaime Sabines
      Por Jaime Sabines    
primeros versos

Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo, dejar mi cuarto encerrado y bajar a bailar entre borrachos. Uno es un tonto en una cama acostado, sin mujer, aburrido, pensando, sólo pensando. No tengo hambre de amor , pero no quiero pasar todas las noches embrocado...

 
   Canciones del pozo sin agua (5) Canciones del pozo sin agua (5) de Jaime Sabines

   Jaime Sabines
      Por Jaime Sabines    
primeros versos

Esta noche vamos a gozar. La música que quieres, el trago que te gusta y la mujer que has de tomar. Esta noche vamos a bailar. El bendito deseo se estremece igual que un gato en un morral, y está en tu sangre esperando la hora como el cazador en el matorral. Esta noche nos vamos a emborrachar...

 
   Tía Chofi Tía Chofi de Jaime Sabines

   Jaime Sabines
      Por Jaime Sabines    
primeros versos

Amanecí triste el día de tu muerte, tía Chofi, pero esa tarde me fui al cine e hice el amor. Yo no sabía que a cien leguas de aquí estabas muerta con tus setenta años de virgen definitiva, tendida sobre tu catre, estúpidamente muerta. Hiciste bien en morirte, tía Chofi, porque no hacías nada...

 
   Pero ya basta... Pero ya basta... de Efraín Bartolomé

   Efraín Bartolomé
      Por Efraín Bartolomé    
primeros versos

Pero ya basta He aquí al dinamitero Este es el sobrestante Este es el tractorista que despeñó su máquina junto a un alud de rocas más grandes que el tractor Partiremos ese cerro cabrones! Que caigan esos árboles esas rocas esa peña mayor Que se abra el cerro!...

 
   La prosa es bella La prosa es bella de Eduardo Lizalde

   Eduardo Lizalde
      Por Eduardo Lizalde    
primeros versos

La prosa es bella —dicen los lectores—. La poesía es tediosa: no hay en ella argumento, ni sexo, ni aventura, ni paisajes, ni drama, ni humorismo, ni cuadros de la época. Eso quiere decir que los lectores tampoco entienden la prosa...

 
   Me encanta Dios Me encanta Dios de Jaime Sabines

   Jaime Sabines
      Por Jaime Sabines    
primeros versos

Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos...

 
   Te quiero a las diez de la mañana Te quiero a las diez de la mañana de Jaime Sabines

   Jaime Sabines
      Por Jaime Sabines    
primeros versos

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario...

 
   He aquí que estamos reunidos He aquí que estamos reunidos de Jaime Sabines

   Jaime Sabines
      Por Jaime Sabines    
primeros versos

He aquí que estamos reunidos en esta casa como en el Arca de Noé: Blanca, Irene, María y otras muchachas, Jorge, Eliseo, Oscar, Rafael... Vamos a conocernos rápidamente y a fornicar y a olvidarnos. El buey, el tigre, la paloma, el lagarto y el asno, todos juntos bebemos...

 
   Percusiones Percusiones de Eduardo Langagne

   Eduardo Langagne
      Por Eduardo Langagne    
primeros versos

madre madre muerta mi tambor sobre tu tumba madre muerta suena el cuero del tambor sobre tu tumba y mis manos sobre el cuero del tambor sobre tu tumba las uñas de mis manos golpeando sobre el cuero del tambor sobre tu tumba madre muerta...

 
   Recuerdo que el amor era una blanda furia... (fragmento) Recuerdo que el amor era una blanda furia... (fragmento) de Eduardo Lizalde

   Eduardo Lizalde
      Por Eduardo Lizalde    
primeros versos

Recuerdo que el amor era una blanda furia no expresable en palabras. Y mismamente recuerdo que el amor era una fiera lentísima: mordía con sus colmillos de azúcar y endulzaba el muñón al desprender el brazo. Eso sí lo recuerdo. Rey de las fieras, jauría de flores carnívoras...

 
   Donde habla la ceniza Donde habla la ceniza de Efraín Bartolomé

   Efraín Bartolomé
      Por Efraín Bartolomé    
primeros versos

Con regusto de ciervo entre las fauces el puma tiene sed Su pupila apuñala el corazón del aire Todo futuro es verde Entrar ahí Dejar en las espinas la piel y la memoria Ser sobre el humus sol que se arrastra y trastorna su espina dorsal como los gatos Entrar hasta que no se note si es sangre o clorofila...

 
   Otras bestias Otras bestias de Eduardo Lizalde

   Eduardo Lizalde
      Por Eduardo Lizalde    
primeros versos

Otras bestias declinan siempre al oro del alba, al mediodía furioso, nunca en la noche de augurios persistentes y toses de rifleros suicidas. Ostentosas, diurnas, claras bestias vivientes, se quiebran, pierden pie, se apagan o se oxidan y oscurecen. Y alrededor del que las mira, el que las piensa, caza...

 
   Nocturno de San Ildefonso (fragmentos) Nocturno de San Ildefonso (fragmentos) de Octavio Paz

   Octavio Paz
      Por Octavio Paz y Joaquín Soler Serrano    
primeros versos

Inventa la noche en mi ventana otra noche, otro espacio: fiesta convulsa en un metro cuadrado de negrura.Momentáneas confederaciones de fuego,nómadas geometrías, números errantes. Del amarillo al verde rojo se desovilla la espiral. Ventana: lámina imantada de llamadas y respuestas...

 
   Bajo mis manos crece Bajo mis manos crece de Jaime Sabines

   Jaime Sabines
      Por Jaime Sabines    
primeros versos

Bajo mis manos crece, dulce, todas las noches. Tu vientre suave, manso, infinito. Bajo mis manos que pasan y repasan midiéndolo, besándolo, bajo mis ojos que lo quedan viendo toda la noche. Me doy cuenta de que tus pechos crecen también, llenos de ti, redondos y cayendo...

 
   La bella implora amor La bella implora amor de Eduardo Lizalde

   Eduardo Lizalde
      Por Eduardo Lizalde    
primeros versos

Tengo que agradecerte, Señor -de tal manera todopoderoso, que has logrado construir el más horrendo de los mundos-, tengo que agradecerte que me hayas hecho a mí tan bella en especial. Que hayas construido para mí tales tersuras, tal rostro rutilante y tales ojos estelares...

 
   Oídos con el alma... (fragmento final) Oídos con el alma... (fragmento final) de Octavio Paz

   Octavio Paz
      Por Octavio Paz    
primeros versos

Oídos con el alma, pasos mentales más que sombras, sombras del pensamiento más que pasos, por el camino de ecos que la memoria inventa y borra: sin caminar caminan sobre este ahora, puente tendido entre una letra y otra. Como llovizna sobre brasas dentro de mí los pasos pasan hacia…

 
   Yo llevo el nombre... Yo llevo el nombre... de Efraín Bartolomé

   Efraín Bartolomé
      Por Efraín Bartolomé    
primeros versos

Yo llevo el nombre de John Lloyd Stephens Caminante y banquero Conocí estas tierras paso a paso a la mitad del siglo XIX Me quemaron igual dolor y maravilla Yo soy Frederick Catherwood: dibujante de las constelaciones palencanas: de mis dedos salen universos incomprensibles...

 
   Nombra el poeta... Nombra el poeta... de Eduardo Lizalde

   Eduardo Lizalde
      Por Eduardo Lizalde    
primeros versos

Nombra el poeta con un silencio ante la cosa oscura, con un grito ante el objeto luminoso. Pero ¿qué cosa dicen de las cosas los nombres? ¿Se conoce al gallo por la cresta guerrera de su nombre, gallo? ¿Dice mi nombre, Eduardo, algo de mí?...

 
   No es nada de tu cuerpo No es nada de tu cuerpo de Jaime Sabines

   Jaime Sabines
      Por Jaime Sabines    
primeros versos

No es nada de tu cuerpo, ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre, ni ese lugar secreto que los dos conocemos, fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro. No es tu boca tu boca que es igual que tu sexo , ni la reunión exacta de tus pechos, ni tu espalda dulcísima y suave, ni tu ombligo, en que bebo...