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25 poemas aleatorios en video | |
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Todo poema es su propio borrador
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Eduardo Lizalde Por Eduardo Lizalde | |
Todo poema es su propio borrador. El poema es sólo un gesto, un gesto que revela lo que no alcanza a expresar. Los poemas de perfectísima factura, los más grandes, son exclusivamente un manotazo afortunado. Todo poema es infinito. Todo poema es el génesis... | |
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No es que muera de amor
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
No es que muera de amor, muero de ti. Muero de ti, amor, de amor de ti, de urgencia mía de mi piel de ti, de mi alma de ti y de mi boca y del insoportable que yo soy sin ti. Muero de ti y de mí, muero de ambos, de nosotros, de ese, desgarrado, partido, me muero, te muero, lo morimos... | |
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Más alto
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Floridor Pérez Por Floridor Pérez | |
Anoche Dios soñó conmigo. Fui la paja en su ojo zumbé en sus santas narices o pulga en el oído. Y Dios con bendita paciencia dormía el sueño de los justos mientras yo me desvelaba por despertar, antes que Él pestañara mueva un dedo o de un solo soplido... | |
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No es nada de tu cuerpo
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
No es nada de tu cuerpo, ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre, ni ese lugar secreto que los dos conocemos, fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro. No es tu boca tu boca que es igual que tu sexo , ni la reunión exacta de tus pechos, ni tu espalda dulcísima y suave, ni tu ombligo, en que bebo... | |
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Adolescente que despierta
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Rodolfo Hinostroza Por Rodolfo Hinostroza | |
Una deliberación del ala y la tormenta es lo que cae cuando la agria balandronada de los sueños se pega al paladar y el muchacho despierta en la mañana penetrando el espejo con un grito. La estridencia que acecha en la materia de los violoncellos... | |
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A la casa del día
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
A la casa del día entran gentes y cosas, yerbas de mal olor, caballos desvelados, aires con música, maniquíes iguales a muchachas; entramos tú, Tarumba, y yo, Entra la danza. Entra el sol. Un agente de seguros de vida y un Poeta. Un policía. Todos vamos a vendernos, Tarumba... | |
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Romance sonámbulo
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Federico García Lorca Por Cecilia Salerno | |
Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas la están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde... | |
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Elogio de la sombra
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Jorge Luis Borges Por Eduardo Lizalde | |
La vejez (tal es el nombre que los otros le dan) puede ser el tiempo de nuestra dicha. El animal ha muerto o casi ha muerto. Quedan el hombre y su alma. Vivo entre formas luminosas y vagas que no son aún la tiniebla. Buenos Aires, que antes se desgarraba en arrabales hacia la llanura incesante… | |
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Puntos de apoyo...
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Frida Kahlo Por Carmen Feito Maeso | |
Puntos de apoyo. En mi figura completa sólo hay uno; y quiero dos. Para tener yo los dos me tienen que cortar uno. Es el uno que no tengo el que tengo que tener. Para poder caminar el otro será ya muerto... | |
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Lobo
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Marosa Di Giorgio Por Marosa Di Giorgio | |
Cuando nació, apareció el lobo. Domingo al mediodía, luz brillante, y la madre vio a través de los vidrios, el hocico picudo, y en la pelambre, las espinas de escarcha, y clamoreó; más, le dieron una pócima que la adormecía alegremente. El lobo asistió al bautismo y a la comunión... | |
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Jorge Luis Borges mira jugar al ajedrez en una calle de barrio
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Floridor Pérez Por Floridor Pérez | |
El caballo salta del tablero y pierde por una cabeza en el bar vecino donde los peones pierden la cabeza en alcohol estridente. La Dama del barrio gira en esa música ebria Bajo la falda sus piernas se deslizan con movimiento oblicuo de inversos alfiles El poeta mira al jugador y éste a la pieza absorto... | |
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Las aves que te llevan
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Julio Torres Recinos Por Julio Torres Recinos | |
Noviembre llega y con él tiemblan las primeras nieves en el cielo. Los pájaros preparan su salida rumbo sur dicen que con la magia del viento pueden estar en el Golfo en un día . Yo había pensado mandarte una carta con ellos, los pájaros... | |
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Te quiero a las diez de la mañana
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario... | |
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Oye Señor mi causa justa (Salmo 16)
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Ernesto Cardenal Por León Gieco | |
Oye Señor mi causa justa atiende mi clamor Escucha mi oración que no son slogans Júzgame tú y no sus Tribunales Si me interrogas de noche con un reflector con tu detector de mentiras no hallarás en mí ningún crimen... | |
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El olvido
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Mario Benedetti Por Hugo Arana | |
El olvido no es victoria sobre el mal ni sobre nada y si es la forma velada de burlarse de la historia para eso está la memoria que se abre de par en par en busca de algún lugar que devuelva lo perdido... | |
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Ala que no vuela
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Efraín Bartolomé Por Efraín Bartolomé | |
Aquí la selva Larga la soledad con que nos nutre Hora de lentos pies donde el puñal se hunde Raíz de luna helada sus venenos más fuertes Aquí el árbol anclado en el asombro: lagunas congregadas al silbo de serpientes El saraguato rasca su viejo cuerpo... | |
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Interior de casa
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Fina García Marruz Por Fina García Marruz | |
Éste es un pueblo pulcro, artístico. Jamás pintan un árbol en la lejanía como una mancha de verdor. Nunca está lejos para su corazón un árbol verde. Y así, le pintan cada hoja como si estuviera cerca de sus ojos, pues una madre, aunque esté lejos, no olvida ninguno de los gestos del hijo... | |
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La madre
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Alvaro Figueredo Por Alvaro Figueredo | |
Una que sin rubor ni tregua lame el mundo el ácido salobre amargo y siempre y es una y una y una madre nocturna donde fuera y nadie se arrastra aúlla aúlla cruza a ciegas la brasa el hormiguero con su mano llena de leche y lástima empujando la piedrapiedra el enmohecido cristo de hiel y nieve... | |
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Con gracia o sin ella...
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Eduardo Milán Por Eduardo Milán | |
Con gracia o sin ella? Hay de dulce, de destino designado con el dedo, hay de temblores de amor, tembladerales de América del Sur, sedimentados del Norte. Está el modelo barroco, oculta, bajo un follaje expresivo, perlas, clítoris que roza circular, encima del pliegue de bordes morados... | |
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Recomendaciones finales (fragmento)
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Pablo Neruda Por Pablo Neruda | |
Aquí me despido, señores, después de tantas despedidas y como no les dejo nada quiero que todos toquen algo: lo más inclemente que tuve, lo más insano y más ferviente vuelve a la tierra y vuelve a ser: los pétalos de la bondad cayeron como campanadas en la boca verde del viento... | |
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En voz baja...
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Pablo Armando Fernández Por Pablo Armando Fernández | |
En voz baja decir, amor, tu nombre, junto a ti, a tus oídos, a tu boca. Y ser ese animal feliz que junta sus mitades. En voz baja o sin ella, muda la boca revertida a su unidad: silencio inaugural que a verbo y carne otorga nueva vida. Los ojos ciegos, de regreso al todo... | |
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Que sea pájaro pero que sea verdad...
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Eduardo Milán Por Eduardo Milán | |
Que sea pájaro pero que sea verdad. Faisán o terror nocturno pero verdadero. No más imágenes por imágenes, por piedad, por amor a los pies descalzos. Dame dinero pero verdadero. Un árbol en Alejandría para ir con Andrés. Somos espíritus viajeros. Vino, veneno, venas, venablos. Hasta… | |
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Otras partes (fragmento)
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Juan Gelman Por Juan Gelman | |
oíste/ corazón?/ nos vamos con la derrota a otra parte/ con este animal a otra parte/ los muertos a otra parte/ que no hagan ruido/ callados como están/ ni se oiga el silencio de sus huesos/ sus huesos son animalitos de ojos azules/ se sientan mansos a la mesa/ rozan dolores sin querer... | |
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Doña Luz (XXI)
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Jaime Sabines Por Jaime Sabines | |
La casa me protege del frío nocturno, del sol del mediodía, de los árboles derribados, del viento de los huracanes, de las asechanzas del rayo, de los ríos desbordados, de los hombres y de las fieras. Pero la casa no me protege de la muerte... | |
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El viejo payaso a su hijo (fragmento)
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Eliseo Diego Por Eliseo Diego | |
Avanza ya, hijo mío, desde el vano donde los pliegues de la recia púrpura ocultan la impudicia de las máquinas tan útiles, es cierto , el abandono de los grandes telones que han colgado como pájaros muertos en el polvo; avanza... | |
